MBT. Muerte a la estética, un hurra por el caminar erguido

Dolor de espalda, postura incorrecta, chepa de película de terror, molestia en las rodillas, riñones que no pueden más. Son síntomas que creo todos sentimos en mayor o menor grado en función del número de horas que hemos estado de pie o de los kilómetros realizados.

El otro día comentaba toda esta serie de efectos con un amigo y ambos acabamos coincidiendo en lo importante que es el calzado. Realmente necesitamos un buen calzado o un par de los denominados “antizapatos”? En cuanto Daiquiri lea este artículo se echará las manos a la cabeza y responderá con infinitos modelos de marcas que cuidan la calidad y el diseño, pero empiezo a pensar que el problema es quizá la misma estructura sobre la que caminamos.

En los años 90, el ingeniero suizo Karl Müller tras largas horas de trabajo en pie con las consiguientes penurias para su cuerpo, buscó una terapia alternativa que solucionase sus problemas de posición. Es así que, residiendo en Corea del Sur, decidió caminar por los campos de arroz, con lo que consiguió una notable mejora en los dolores de espalda, piernas y talones. Determinó que el problema residía en que el cuerpo humano no está diseñado para desplazarse en superficies duras y lisas y que era necesario volver a las naturales, blandas e irregulares, como las que le ofrecían los campos de arroz. 

En 1996 patenta su novedosa suela curva que, gracias a seis capas y un especial sensor, imita la forma de caminar de los masais. La tribu africana camina erguida y elegantemente a pesar de realizar eternas caminatas descalzos, es por ello que se toma prestado su nombre para las MBT: “Masai Barefoot Technology”

Quince años después ya no resulta extraño ver a personalidades del mundo del espectáculo, políticos o la misma Reina Sofía, llevando los horribles pero saludables MBT. Porque no son ni baratos, ni bonitos. Con un precio en torno a los 150 euros uno puede hacerse con alguno de los modelos que van desde el más deportivo, pasando por sandalias hasta otro más adecuado para llevar al trabajo.

Y es que no brillan por su diseño pero tampoco podemos echárselo en cara, ya que fueron concebidos como un dispositivo terapeútico y de entrenamiento. Destinados a generar beneficios en articulaciones, musculatura y posturales, recobrando el equilibrio natural y enderezando el cuerpo.

Bien es cierto que cada uno tiene un modo de caminar y la forma del pie distintos, pero bien vale pasarse una tarde por una de las tiendas oficiales de MBT (ojo a las imitaciones porque pueden ser peligrosas) y que nos hagan un estudio y una toma de medidas. Un trainer se encargará de darnos una serie de consejos y cuál es la forma adecuada de usarlos.

Tengo que confesar que la estética me detiene en mi reciente apuesta por dar prioridad a la salud corporal, pero creo que voy a intentarlo, sí.

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