Lucian Freud. La desnudez carnal.

“Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son”
Lucian Freud

Hay artistas que no dejan a nadie indiferente. Pueden no gustarte pero cuando ves algunas de sus obras, te “mueven” por dentro. Es el caso del pintor figurativo Lucian Freud, que murió el pasado 20 de julio en su casa de Londres. La verdad es que ya no soy capaz de recordar la primera vez que vi una de sus obras ni cual fue pero en mi habitación todavía sigue colgada una imagen de un autorretrato suyo junto a una fotografía de Jan Saudek. Ha sido y seguirá siendo uno de mis pintores favoritos y de los artistas más inspiradores que he descubierto a lo largo de los años.


Sus retratos muestran a los personajes con todo lujo de detalles,  bajo un realismo extremo. Abordó la figura humana de una forma muy particular, se empeñó en captar y plasmar lo más auténtico de sus modelos y el resultado son figuras de carne mórbida en posiciones forzadas y, en muchas ocasiones, retratadas bajo una luz potente y un intenso contrapicado. Muestra la desnudez en su cruda realidad. Esta versión del desnudo tan directa, unida a su reputación de mujeriego y juerguista, le dieron una fama de alocado libertino que en ciertas ocasiones supuso que el público interpretase algunas de sus obras como simples delirios exhibicionistas de un anciano.

Es cierto que muchas de sus obras tienen un efecto turbador, que su empeño en representar lo que es y no lo que se ve puede resultar inquietante o angustioso para el observador. Su pintura puede provocar disgusto al igual que la vida lo hace. Retrata todas aquellas marcas del tiempo que vamos adquiriendo y que, aunque normalmente no nos paramos a observarlas, están ahí para recordarnos que estamos vivos, que el cuerpo es mortal y envejece sin pausa.


Lucian Freud se convirtió en el pintor vivo más cotizado en 2008 cuando su obra “Benefits Supervisor Sleeping” (1995) se subastó por 23,3 millones de euros. En el óleo aparece una mujer obesa recostada en un sofá que resultó ser una supervisora de subsidios sociales de Londres llamada Sue Tilley que posó para el artista en diferentes ocasiones.


También fue muy comentado el retrato de Isabel II en el que muestra a la Reina como una mujer anciana, afectada por un larguísimo reinado y bajo una pesada corona. El retrato fue considerado insultante por buena parte de la opinión pública británica pero figura en la colección personal de Isabel II.

Me parece alucinante que siguiese pintando a sus 88 años, sobre todo sabiendo que siempre lo hacía de pie y que las sesiones podían durar largas horas.  A partir de ahora sólo podremos conformarnos con las obras que nos dejó e intentar no pensar en aquellas que dejó sin terminar o ni siquiera empezadas.  Adiós al pintor poseído por la carne.


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